Mucha gente se sorprendió de que yo decidiera ser madre. Debido a mi carácter rebelde y mi hambre de mundo, tuve muchas relaciones, muchos trabajos y viví en muchos lugares. El cambio ha sido un compañero de viaje, un patrón, una manera de vivir, y claro, un niño no se cambia. Sin embargo, nunca tuve una certeza tan grande como cuando nació mi hijo. El dilema mental de cómo ser madre, se disipó al instante al mirarle. Ese hermoso ser. Al sentirlo en mi pecho sentí la inmensidad de la paz y no hubo nada más orgánico y natural que vivir para cuidarle. Es cliché decir que nunca había sentido amor tan grande, lo es, pero es la pura verdad. Nunca había sentido un amor tan hermoso, incondicional y profundo. Y cada mañana, y cada momento ese amor me habita y me traspasa a través de su mirada. Me convertí en una gata, vigilante de su sueño, de su hambre, de su necesidad de abrazos, despertando a cualquier hora, al mínimo cambio de su respiración. Un grueso cable invisible de comunicación nació entre nosotros. Yo sabía todo y sabía perfectamente que quería con él y para él.

Pronto empezaron a aparecer las trabas y las presiones, el mundo real no tolera tanta felicidad. Cuando comencé a ser alentada a dejar mi bebé en una guardería seis o siete horas para ser más y más productiva en el trabajo, empezaron los problemas. ¿Cómo puedo dejar a mi bebé tantas horas lejos de mí? Para mí fue imposible. Respeto todas las decisiones de las madres, Dios me libre de criticar a alguna. Pero en mi caso, la prioridad se presentaba irrefutable, y el entorno no podía cambiarlo. Fui empujada a tomar otros caminos laborales, pero el cambio, por suerte, siempre fue parte de mi vida.

Es verdad que el mundo no nos entiende. Tampoco entendía yo a las madres antes de serlo. Es intransferible. Pero, ¡qué importa! No me importaba nada. Contra el mundo, contra todos, con una capa y espada, como una amazona primitiva, defendiendo el nido. ¡Qué le den al mundo! Estoy haciendo vida.

Las que somos madres trabajadoras hoy en día, sabemos que las normas laborales de España son desalmadas. A los tres meses tienes que reincorporarte, más quince días de lactancia. ¿Quince días más? ¡Si mi bebé toma teta cada quince minutos! ¿Sabes dónde estoy yo a los tres meses de parir? En el limbo maternal, en una burbuja de amor de la que no quiero salir más. No quiero entrar en comparaciones, pero sabemos que todos los demás países de Europa tienen periodos de baja maternal mucho más razonables. Porque no es razonable que una madre tenga que dejar, con lágrimas en los ojos y el corazón quebrado, a un bebé de cuatro meses, nueve horas en una guardería. No señor. No es ni medianamente humano.

Cuando parí, pensé: ¡Pero qué coño! A mí me tienen que poner una alfombra roja. Cuando salgo del hospital: alfombra y aplausos. ¡Alguien sabe lo que es parir! ¡Joder!

Creo que nosotras mismas nos hemos cavado la fosa, mi madre tuvo tres, mi abuela once y aceptaban con sumisión lo que les caiga sin quejarse, sin dejar de cumplir con las tareas. Mujeres fuertes, pobrecitas.

¿Por qué no han gritado las mujeres de todos los tiempos? ¡nosotras parimos! ¿Por qué no nos hemos empoderado si somos la leche? ¿Por qué hemos acompañado al machismo de todos los tiempos tolerándolo e incluso fomentándolo? Hay un error de base. Porque la mujer es increíblemente poderosa. Y dar vida es un acto mágico y sagrado que debería ser cuidado por todos.

El mundo del revés, recuerdo una noticia en la que se valoraba que una madre profesional, antes de cumplir los tres meses de haber parido, se incorporara a su puesto laboral. Se valora, por ejemplo, si una mujer puede con el carro, el niño, el otro niño, el bolso y sube tres pisos por escalera sin ayuda. Claro, ¡se valora porque se aguanta! Así nadie debe dar una mano.

Alfombra roja

Las mujeres con bebés en brazos no pueden esperar en la cola del banco como otra persona cualquiera porque si el bebé llora, te tienes que salir, aunque ya estés a punto de ser atendida y esto puede pasarte miles de veces para hacer un puñetero trámite.

Alfombra roja

Las madres no pueden incorporarse al mundo laboral a los tres meses, porque deben estar con su bebé y el bebé con su madre. Y eso, es lo que todos deberíamos cuidar, como especie.

Alfombra roja

La sociedad debe apoyar y sostener la maternidad como una obligación más si no quieren vivir en un mundo de viejos.

Alfombra roja

Las mujeres que todavía no han sido madres: no critiquen tanto, que ya os va a tocar.

Alfombra roja

A la pareja: tranquilízate. Estoy en modo bebé.

Este es mi humilde manifiesto y me quedarán miles de cosas en el tintero que podemos añadir, pero os comento que para poder escribir esto me levanté a las cinco de la mañana que es cuando bebito duerme y yo puedo ponerme conmigo misma y mis pensamientos. Pero ya son casi las ocho y escucho unos tiernos ruiditos que vienen desde la cama, así que corro a recibir mis abrazos matinales.

Rosalía Martínez

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